Shakhtar y Werder, finalistas por méritos propios, aunque sorpresivos ambos, se disputaran la supremacía en la edición de la Copa de la UEFA que se presentaba más dura de los últimos tiempos. Dos equipos partían como referentes en la lucha del “patito feo” europeo, Milán y Sevilla. Junto a ellos una pléyade de conjuntos llamados a ser duros oponentes, Valencia, ASSE, Manchester City, Hamburgo o CSKA Moscú no debían estar descartados para llegar a rondas avanzadas de la competición. Sin embargo serán dos equipos que entraban en la competición a través de la Champions League los que vivirán las dos caras de una final en la bonita noche de Estambul.
Irregulares ambos dos a lo largo de la temporada en sus ligas domésticas, no dieron tampoco la talla en su paso por Champions, puesto que de ambos se esperaba más en sus diferentes grupos, su trayectoria en la UEFA les otorga con justicia la posibilidad de reinar en Europa. Tanto Shakhtar como Werder no tuvieron un camino plácido hasta Estambul, los ucranianos despacharon a Tottenham, CSKA Moscú, O. Marsella y Dinamo de Kiev para reafirmar lo que se lleva esperando algún tiempo de ellos, un camino brillante en Europa. Por su parte los alemanes dejaban en la cuneta a Milán, ASSE, Udinese y Hamburgo confirmando que los mimbres con los que contaba el técnico Schaff eran suficientes para no sólo pelear por cosas importantes en Alemania.
Ambos técnicos contarán con bajas, pero estas son más difíciles de resolver en el cuadro germano que no contará con Hugo Almeida,Mertesacker y sobre todo Diego-que cierra su periplo en Bremen sin poder disputar la final añorada en estos años-. Mientras, Lucescu no podrá contar con uno de sus mediocentros titulares, Hübschman, lo que abre la posibilidad a diferentes variantes, siendo la más lógica la presencia del polaco Lewandowski como titular.
SHAKHTAR DONESTK, LA PUJANZA SOVIETICA
Rinat Akhmetov tiene cercano su sueño, ver al equipo de la región minera de Donetsk como campeón de Europa. Multimillonario ucraniano, preside
nte del Shakhtar, se hace con las riendas del club para seguir una política llevada a cabo por otros grandes emporios de la antigua unión soviética que han terminado consiguiendo objetivos de gran tamaño. Sigue así la estela de Abramovich, que consigue que el Chelsea se convierta en un trasatlántico europeo, o de los equipos rusos CSKA Moscú o Zenit de San Petersburgo que levantan la copa de la UEFA anterior y posteriormente al doble reinado del Sevilla F.C. La inversión exponencial de dinero, sin embargo, no le llevó a las cotas esperadas, hasta el día de hoy.
Sólo le queda el último paso, tras haber derrocado de la hegemonía del país a su gran rival, el Dinamo de Kiev, pero el más difícil y cuando las circunstancias no parecían ser las mejores. El equipo ucraniano, tras varios intentos fallidos, tenía que desprenderse de 5 jugadores vitales que componían la columna vertebral para brillar en Europa, Tymoshcuk-campeón de la UEFA con el Zenit, futuro Bayern Munich-, Matuzalem-Zaragoza y Lazio-, Elano- Manchester City-, Brandao- O. Marsella- o Cyprian Marica- Stuttgart- a lo largo de las tres últimas temporadas. Sólo quedaban de aquel ilusionante Shakhtar del 2007 los referentes de Fernandinho, Jadson o el capitán Dario Srna. Un equipo que en aquel año parecía llamado a dar un salto cualitativo en la Champions League, pero que se quedó en un quiero y no puedo, y que ahora puede obtener su recompensa.
A través de un 4-2-3-1 muy marcado, Lucescu ha conseguido que su equipo se plante en esta final a base agresividad, encajando poco y viviendo de la magia brasileña que tanto abunda en su ataque. El 11 inicial debe variar poco del formado por Pyatov en portería, línea de 4 defensiva de derecha a izquierda compuesta por Srna-Ischenko-Chigrynskiy-Rat, doble pivote formado por Gai y Lewankowski-con la variante Fernandinho como posibilidad-, línea de 3 mediapuntas que forman Ilsinho- Jadson- Fernandinho por detrás de la referencia en ataque de Luiz Adriano.
Agresividad en la línea de defensa, laterales ofensivos, un doble pivote poco creativo y muy trabajador, con un punta que juega bien de espaldas, con movilidad y caída a bandas-aunque algo tosco en el apartado técnico- para que resuelva la calidad técnica de los mediapuntas brasileños, Ilsinho-un carrilero reconvertido a interior, que domina la conducción en diagonal a portería- y Fernandhino en bandas con tendencia a conducir hacia dentro para abrir el pasillo a los laterales con Jadson como referente creativo, el jugador con mayor capacidad organizativa del equipo y sobre el que recae la construcción del juego de ataque y el último pase.
En el banco aparecen como variantes claras el prometedor mediapunta brasileño Willian, recambio en cualquiera de las tres posiciones detrás del punta, o Galdkit, otro tanque para jugar con dos delanteros o ser el relevo natural de Luiz Adriano.
Desde el punto de vista táctico, el técnico rumano Lucescu no ha buscado ninguna innovación, sino que más bien podríamos hablar de un Shakhtar incluso arcaico en los conceptos defensivos. Vive del repliegue, en muchas ocasiones muy intensivo, de la agresividad y de posicionar muchos jugadores por detrás del balón. No son los ucranianos un conjunto demasiado brillante desde el punto de vista táctico en defensa, la interpretación zonal defensiva es algo pobre y se fundamenta sobre todo en la cerrada marca individual de cada jugador al rival en su zona de influencia.
Sufren cuando el rival tiene buen juego de posición y aprovecha los espacios que aparecen al arrastrar al contrario fuera de su zona, la basculación no es buena y ahí viven de la agresividad en las marcas, sin importarles lo más mínimo conceder al rival faltas laterales. Sus laterales persiguen la marca hasta posiciones muy adelantadas, lo que deja unos pasillos importantes a su espalda, incluso sus centrales salen mucho de su zona o se abren en exceso buscando a su par. El rival tiene espacios pero la agresividad y la cercanía de las marcas parece indicar lo contrario, trabajan muy encima del contrario en lugar de tener la referencia en el balón. Tampoco han sido históricamente un equipo muy poderoso en la estrategia defensiva, con un portero en Pyatov no demasiado solvente en el juego aéreo.
Desde el punto de vista ofensivo sufren en la salida del balón, sobre todo porque sus mediocentros no se muestran para comenzar el juego de ataque. Este aspecto lo solventan jugando directo, con dos centrales que desplazan bien en largo el esférico, o buscando la conducción de Dario Srna en banda derecha. Su doble pivote no marca diferencias en ataque por lo que se quedan a expensas de la genialidad de Jadson o las diagonales de Ilsinho y Fernandinho en conducción más la incorporación de Srna y Rat, ambos muy ofensivos.
La principal arma ofensiva ucraniana es su banda derecha donde Srna e Ilsinho son dos carrileros con gran capacidad de desborde y calidad en el centro. Arriba Luiz Adriano trabaja más para el bloque, con su juego de espaldas o caídas a bandas que siendo un delantero resolutivo de cara a puerta. Jadson y Fernandhino son los principales goleadores en un equipo que no tiene excesiva pegada en su ataque, que vive de la agresividad defensiva y de la calidad técnica de sus brasileños, pero que no es brillante aunque si competitivo, duro y pegajoso.
WERDER BREMEN, LA OBSESIÓN OFENSIVA
Hablar del Werder Bremen es hablar de la obsesión atacante de su sempiterno técnico, Thomas Schaff. Un entrenador que vive para el juego de a
taque, que asume riesgos, que quiere que su equipo intercambie golpes como cualquier púgil pegador haría. No le importa el cero en portería propia, su visión del juego es conseguir más goles que el rival, sin importarle lo más mínimo que los resultados de los partidos del equipo blaquiverde sean más próximos a los del fútbol sala que a los del fútbol 11.
Un estilo definido que no ha llevado al actual Werder a ninguna conquista importante pero que siempre ha convertido a este equipo en una alternativa de poder y sobre todo en un referente para el aficionado. Sentarse a ver un partido de los de Bremen es sinónimo de diversión, de intercambio de golpes y de partido movido. Esto le ha restado competitividad y en ocasiones victorias importantes a un equipo capaz de ganar o perder con casi cualquiera y de obtener rachas espectaculares de victorias o de derrotas. Un aspecto negativo que ha pasado mucha factura al Werder reciente ha sido su bajón en los tramos finales de campeonato, lo que le descartaba de la lucha por los títulos en Alemania y en Europa.
Esta temporada todo ha sido irregularidad, las lesiones han marcado el triste camino en Bundesliga que tiene a los de Bremen fuera de Europa la próxima campaña. Otra noticia negativa será la confirmación de la salida del estandarte del equipo, el brasileño Diego, que acerca posturas con la Juventus. No estará el 10 en esta final y eso hace decaer el favoritismo que podrían tener los de Schaff.
Esperamos ver un Werder que actúe de salida con un 4-4-2 en rombo, con Wise en portería-irregular como pocos-, con Fritz- Prödl-Naldo- Boenishc en defensa. En el rombo de mediocampo la ausencia de Diego abre muchas opciones, con Frings y Mesut Özil como titulares seguros, posiblemente acompañados por Baumann y Tziolis-con opciones para Vranjes y Jensen por cualquiera de los dos mediocentros más defensivos-. Arriba la baja de Hugo Almeida clarifica el dúo de ataque, Pizarro y Rosenberg serán los encargados del gol.
La gran preocupación para Schaff es encontrar el sustituto ideal para Diego, no tanto por el nombre, que parece claro, sino en su rendimiento. Es el momento para que Özil coja el testigo antes de la marcha del brasileño y gane galones dentro del equipo. Este turco de ascendencia parece llamado a ser el mediapunta creativo que asuma la responsabilidad entre líneas del equipo de Bremen.
Desde el punto de vista táctico, Schaff nos mostrará su ideario habitual. Defensa adelantada que sufre a su espalda, principalmente por el costado zurdo donde son reincidentes los problemas desde hace temporadas, presión en campo contrario para recuperar rápido y muchos efectivos en ataque. Con el rombo interior en mediocampo busca este Werder conseguir superioridad en la zona central del campo, toque rápido y vertical, abriendo los costados para la presencia de los laterales, en especial Fritz, que podría formar junto a Frings una banda derecha de mucho potencial ofensivo. La baja de Almeida es importante, como referente en el juego directo y la prolongación, y sobre todo por sus caídas a la espalda de los laterales rivales que harían mucho daño a este Shakhtar, que tiene un punto débil en esa zona.
Arriba dos delanteros que pueden mezclar bien, un Pizarro muy móvil, con disparo lejano y que puede asumir responsabilidades en la creación del juego viniendo a recibir entre líneas o cayendo a los costados, junto a un Markus Ronsenberg que vive más cerca de la línea rival, con muy buenos movimientos de desmarque, y definición, además de capacidad de caer a las bandas y jugar desde allí.
Si el Werder no se pone por delante veremos un caudal ofensivo importante, con mucha verticalidad en el juego ofensivo, sobre todo debido falta de la pausa que origina Diego. Si los alemanes vuelcan el marcador a favor los veremos replegar y sacar a relucir su verticalidad al contragolpe con sus dos puntas abiertos a banda para permitir la conducción o circulación del balón por dentro.
Veremos una final posiblemente igualada, pero que por propuesta y disfrute en los últimos tiempos me gustaría que cayera de parte del Werder Bremen. Las ausencias abren el partido e igualan la teórica superioridad germana de cara a la final. Una final que nos dejará emociones y buenos momentos de fútbol en un marco incomparable, la enigmática Estambul.