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La final soñada

Jueves, 7 de Mayo de 2009

 

Se cumplieron  los pronósticos y los deseos de los aficionados del deporte rey-excluidos,  claro  está, los del Arsenal y del Chelsea-. F.C. Barcelona y Manchester United se verán las caras el próximo 27 de Mayo en el Olímpico de Roma para dilucidar qué equipo se lleva el galardón de mejor equipo del mundo. El partido será catalogado como el del Siglo XXI, sin lugar a dudas el fútbol hizo justicia llevando a Roma a los conjuntos que más merecimientos han hecho a lo largo de todo el curso futbolístico para llegar allí. Aunque el último paso dado por cada uno de ellos haya sido dispar, diferente, con sensaciones contrarias, nadie puede dudar de que nos encontremos ante los equipos que más pusieron de su parte para alcanzar la madre de todas las batallas, la final de Champions League más apasionante que se puede recordar en esta década. Al menos hasta  que el balón empiece a rodar.

EL CAMINO HACIA EL PRAGMATISMO, LA DUALIDAD RED DEVIL.

Corría el año 2007, el United asombraba a medio mundo, mostraba registros espectaculares y desarrollaba un fútbol arrollador, de ataque, con un intercambio de posiciones y una dinámica que nadie lograba ni igualar en momentos puntuales. Para ellos eso era el pan nuestro de cada día, se habían convertido en un equipo de salón. La llegada a  Atenas-sede de la final de Champions esa temporada- parecía una consecuencia lógica del juego desarrollado por el equipo. Esa campaña los chicos  de Ferguson cerraban el ciclo hegemónico del Chelsea de Mourinho en la Premier pero se estrellaban ante el Milán del “Dios de la Lluvia”, Kaká, contra todo pronóstico. Conjuntamente, Cristiano Ronaldo sucumbía ante el astro brasileño en la lucha por los galardones individuales que se entregan a final del año.

Ese momento parece haber sido crucial para el devenir de las dos últimas temporadas en las que los de Fergi han alcanzado dos finales consecutivas de Champions y han peleado por conquistar la triple corona-más algún que otro título, como el Mundial de Clubs-. Ante la decepción, resolución para cambiar los aspectos menos positivos, Sir Alex comenzó a trazar las líneas para hacer de su equipo no sólo el que desarrollaba un fútbol más alegre y divertido del planeta en ese momento, sino para que también se convirtiera en una escuadra sólida, competitiva y que buscara la hegemonía del fútbol europeo. Poco a poco los Red Devils fueron mutando hacia la dualidad, jugar de salón no era el único deber, existían momentos en los cuales la competitividad se obtenía  a través de la rigidez del sistema y el trabajo defensivo.

El habitual 4-2-4 alegre y divertido donde el balón lo era todo fue dando paso a un aumento de la rigidez, el 4-4-2 como punto de partida y una mayor exigencia defensiva a los jugadores de banda eran las primeras premisas. A partir de ahí comienza Ferguson a utilizar variantes en momentos puntuales de ciertos partidos, CR7 pasa a la punta del ataque mientras que el “Bad Boy” Rooney se ubica en su banda para aumentar la efectividad del trabajo. La dinámica en el intercambio de posiciones disminuye, el equipo repliega más, junta más las líneas, se encorseta para estar bien posicionado cuando pierda el balón. Competir defendiendo mejor empieza a ser una premisa, no sólo vale ser los mejores atacando, el fútbol también consta de una fase defensiva donde el United comienza a desarrollar un gran avance hasta convertirse en uno de los mejores equipos en el aspecto defensivo del continente.

Todo esto se va desarrollando paulatinamente a lo largo de la temporada pasada, con el  exponente máximo en la Champions, sobre todo en la eliminatoria Roma- United. Si en 2007, los capitalinos se veían arrasados por un torbellino ofensivo de calibre máximo-recordemos el 7-1 en Old Trafford-, el rencuentro la siguiente temporada tiene otros matices. El Manchester sufre en Roma pero machaca al equipo de Spalletti a la contra, con un repliegue intensivo brutal, 10 jugadores por detrás de balón, y el contragolpe como bandera. Allí C. Ronaldo aparece para finiquitar la eliminatoria jugando como delantero centro. Todo sigue engrasándose para convertir al United en un equipo menos brillante pero más competitivo aún si cabe.

Esta temporada el paso aún es mayor, dejar portería a cero se convierte casi en una obligación y los Reds empiezan a ganar muchos partidos sin demasiada brillantez, el 1-0 se convierte en el marcador más habitual. Van der Sar consigue estar imbatido durante 10 jornadas, el equipo hace menos goles, Cristiano anda lejos de sus cifras la pasada temporada donde supera las 40 dianas. 4-1-4-1 como sistema en los partidos top, y un conjunto de gladiadores-de gran calidad con el balón- detrás del astro ególatra, C. Ronaldo, para que marque diferencias. Repliegue intensivo, menor distancia entre líneas y desaparición de la obsesión por el balón. Ver a jugadores como Rooney, Park, Carrick, Scholes, Tévez, Gibbs trabajando de esa manera es otro espectáculo.

Así comparecen en el Emirates para buscar la final de Roma y así la alcanzan. Machacan a ese grupo de niños-hombres que dirige Wenger partiendo de la base de minimizar los errores y aprovechar los del rival. El 0-2 en el marcador a los 10 minutos, gracias a dos “regalos” de los gunners, les permite reafirmarse en su propuesta. Cristiano Ronaldo pone la guinda con sus carreras y diagonales para martirizar la defensa rival desde la punta del ataque, aunque se le echa en falta un poco de humildad que le permita compartir su éxito personal con sus compañeros en la celebración de los goles. Rooney, su lugarteniente, el artífice en la sombra, un artista metido a picador ni aparece en la celebración del tercer gol cuando es el asistente.

Dos años ha estado Ferguson desarrollando a la bestia, esa que no sólo juega con balón como pocos, sino que también defiende, muerde, repliega, lucha y se empantana en los partidos. El perfeccionamiento sigue y parece haber sido muy positivo, dos finales consecutivas de Champions en el camino de la mutación así lo reflejan.

EL CRECIMIENTO BLAUGRANA

Se presentaba Pep a la alta sociedad del fútbol esta temporada, después de un periodo de formación enorme apoyado en su experiencia con el filial. Las credenciales parecían ser pocas, las exigencias muy altas después del desmoronamiento del mejor equipo del planeta en dos temporadas mediocres. Poco a poco, sin hacer mucho ruido, con tropiezos iníciales, empezaba a formar un conjunto que terminaba maravillando a propios y extraños y que machaba todo lo que se ponía por delante. A través de la propuesta más atractiva de Europa, el equipo crecía, mostraba números superlativos y avanzaba a ritmo de records. El triplete se empezaba a vislumbrar como una posibilidad real. Encima a través del mantenimiento de la filosofía de la entidad, a partir de los valores que demanda la afición culé, el balón como centro de todo y la plasticidad como obligación. ¿Qué más se podía pedir?.

Llegaba el momento de la verdad, el de la máxima exigencia, competir contra un equipo de máximo nivel, de los más regulares del último lustro, aquel que había hecho merecimientos más que suficientes para ser campeón de Europa. Y el Barcelona sufrió, sufrió mucho, tanto que pasó sobre la bocina y sin ser del todo merecedor de tan mayúsculo premio. El Chelsea demostró que la plasticidad no lo es todo en el fútbol, desmoronó a un equipo considerado como superior por muchos-cuando la igualdad era máxima aunque a través de polos opuestos-. Marcó las diferencias la fortuna, junto con el acierto. Los blues fueron víctimas de sus errores de definición, el Barcelona lo fue de su, todavía, falta de madurez. Aunque el destino fue generoso con la propuesta más atractiva, este Barça recuerda a aquel Manchester del 2007, aquel que también caminaba a ritmo de record pero que tropezó en el camino.

Lo mejor para los culés es que ellos no tropezaron, lo que les da momentos para disfrutar y seguir soñando. Pero mientras que el Barcelona se parece a aquel adolescente imberbe lleno de ilusión que cree en sus posibilidades, que confía en su talento, el United ya pasó por ahí dos años atrás y ahora comparecerá en Roma como un adulto que ya aprendió ciertas lecciones que le han permitido crecer y desarrollar una mayor competitividad.

COMO UN COMBATE PUGILÍSTICO

Será una final apasionante, el joven pujante, con muchas armas y algunas deficiencias-fruto de cierta inmadurez- se enfrentará al rocoso y talentoso campeón que ya recorrió el camino de su aspirante y que por eso sabe esconder mejor sus déficits y maneja más recursos. Mayor talento en el aspirante contra mayor experiencia en el defensor, la historia nos ha dado muestras de que todo es posible en este escenario. Igualdad máxima y muchas emociones, eso nos espera en la bellísima tarde-noche de Roma el próximo 27 de Mayo.

Ilusión frente a madurez. ¿Quién ganará?